Cada prenda fue un latido de nuestra tierra, un homenaje a nuestras raíces, a nuestra historia y a la identidad que nos une como pueblo.
Colores que cuentan historias, bordados que hablan de tradición y manos creativas que transforman el orgullo tepezalense en arte que camina con fuerza y elegancia.
Tepezalá no solo se mostró… se sintió.
Se sintió en cada paso, en cada mirada y en cada aplauso que celebró lo que somos y de dónde venimos.
¡Porque cuando nuestras tradiciones desfilan, el corazón de Tepezalá camina con ellas!
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